COLLFRED

A media escalada los chirridos empiezan a preocuparme. Cada uno de ellos es como un puñetazo en la sien pero adopto un estoicismo insospechado. No habrá mágica cadencia ni épica alguna al llegar a Collfred. Ayer me desfondé en el llano, llegando a Olot. Mi amigo pedaleaba con locura y yo no hacía más que sentirme como un compañero al que hay que esperar en cada cruce. Inválido. Hoy en cambio las piernas pueden con todo. No me importan estas rampas imposibles que no dan tregua, ni el frío que atenaza mis manos al descender a cada torrente o recongela mi cuerpo ya sudado. Chirridos. Mi caja de pedalier me dice se acabó, ciclista encantado. Antes de acabar las rampas noto el juego de las bielas. Observo los platos y ya no hay duda alguna: se mueven de un lado al otro forzados por el vaivén de mis pies. Croc-croc. Croc-croc. Cric-cric. Cric-cric. Estallarán en cualquier momento. Hubo un tiempo en el que no quería aceptar los avatares de la vida; cualquier cosa que escapase a mi control me sumía en una febril ansiedad. Pero ahora ya no, ahora puedo subir a Collfred con los cojinetes bailando salsa y los platos desbocados. Croc-croc. Croc-croc. Cric-cric. Cric-cric. Los sombríos hayedos del wagneriano Puigsacalm, ya desnudos esta mañana de diciembre, se esparcen al sur y de los prados más profundos ascienden las graves melodías de varios cencerros. Siempre las vacas, ajenas a nuestro sinsentido, a nuestro dulce colapsar. Ni siquiera oponen resistencia al ver pasar a los dos llaneros solitarios sobre dos ruedas. Tal vez sea eso la vida, pastar alegres todos los márgenes del camino hasta el día que montemos al camión maldito. Hay mucha perversión en las vacas, pues a veces parece que lo sepan todo de ellas y les importe un comino. Como a nosotros mismos. Sabemos de nuestra próxima, inevitable y rápida extinción y seguimos como si nada. Ajenos a todo. Por eso subimos a Collfred. Por eso el croc-croc, croc-croc, cric-cric. cric-cric, ha dejado de molestarme. Tan solo aspiro a que mi montura de 16kg aguante hasta el collado y con mucha suerte hasta Sant Quirze. ¿Frivolidad sobre dos ruedas? ¿No deberíamos estar organizando un 15M infinito? ¿Comunidades resilientes? ¡Demasiada ambición! No, tal vez la bici, además de una medicina, un antibiótico natural y un psicólogo gratis sea también un realismo mágico que nos haga más soportable la caída. El pedaleo es un ciclo que se adapta a las ondulaciones de la vida.

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